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Sobreviví a una noche de cerveza y viche en el Festival Petronio Álvarez

Pasaban las 7:00 pm cuando decidí ir a conocer el famoso festival de música del Pacífico llamado Petronio Álvarez, muy famoso en la ciudad de Cali y sin lugar a dudas cumplía con todos los requisitos para ofrecer una buena noche. Era el año 2015 y la noche estaba perfecta, acompañado de un amigo y muchas ganas de conocer con qué se embriaga la gente del Pacífico llegamos con las expectativas altas, con ganas de escuchar buena música, comer algo diferente y probar eso sí, los licores con nombres medio desconocidos como “Viche”, “Arrechón” o “Toma Seca”, que tanto se oían en las vendedoras autóctonas que se encontraban en lugar con muestra en mano ofertando sus productos.

Antes de ingresar a la zona de conciertos en las canchas Panamericanas, empezamos con una cerveza fría en la entrada del lugar como para no perder la costumbre, pasamos por los casi 20 puestos de vendedores que habían y compramos al primero que vimos; conversábamos mientras bebíamos unas cervezas heladas y nos sentíamos relajados; buena brisa, buen clima, buen ambiente, la gente feliz por todas partes y por lo tanto decidimos entrar, luego de una par de cervezas consumidas a la zona de música en vivo.

Allí empezó todo tipo 8:30 pm, el ambiente se vuelve un poco más denso, la brisa desaparece por el tumulto, la energía al 100% por el furor que generan las tamboras, las chirimías, las marimbas y las maravillosas voces de las cantoras en las personas y la oferta de licores autóctonos de la región empieza a pasar cerca de nuestro espacio, las vendedoras con una sutil forma de marketing nos entregan una muestra gratis, cual dosis para inicialistas en el tema, recibimos algo de Toma Seca, Arrechón y Viche, lo cual hierbe la garganta y finalmente la sangre a quién la consume y aún no ha dado el primer salto al ritmo de la música.

Por mutuo acuerdo mi acompañante y yo decidimos consumir Viche, media caneca fue suficiente para, en primera instancia hacernos cambiar de cara y fruncir el ceño en cada copa tomada, porque era casi imposible pasarla toda sin querer devolverla al suelo, pero debíamos hacer el esfuerzo para entrar a la altura del evento; y así lo hicimos, ya que media caneca fue suficiente para estar saltando, moviendo una pañoleta que nos obsequiaron, cantando las canciones sin saberlas y bailando con cualquier familia de afrocolombianos que nos abrieran las puertas a su espacio.

La consecuencia de finalizar casi obligatoriamente la primera caneca tal y como lo sospechaba era que apenas empezaba la noche y sentimos la necesidad de bebernos la segunda para ser fieles a la cultura y porque literalmente no se podía tomar nada que no fuera del pacífico en ese lugar, lo que daba lugar a ingerir más Viche del que el cuerpo estaba acostumbrado a digerir, por lo tanto empezamos a hacer parte integral del evento bailando coordinadamente según nosotros, con las familias afro que se encontraban disfrutando de la velada y nos abrieron las puertas a su “Parche” creyendo, desde mi punto de vista, que éramos extranjeros por nuestra pésima forma de bailar y estado de alicoramiento.

Bailamos, saltamos, movimos los brazos con todo el tumulto, apretados, con calor, pero contentos, como primíparos en Petronio, hasta que llegó el momento en el que la música se apaga y el Viche aún tenía un destino más para nosotros. Terminamos en un bar de la famosa 66 de Cali donde iban a rematar con las melodías del Pacífico y decidimos ir hasta allá para cerrar la noche, llegamos y el ambiente estaba perfecto, mucha gente, agrupación en vivo y la maravillosa cerveza, que en este caso me jugó una mala pasada.

Siempre he escuchado que revolver licores es perjudicial para la salud, y es completamente verdadero, más aún cuando acabas de consumir casi tres canecas de Viche y algunas cervezas antes. Al llegar al lugar tipo 1:00 am, acomodarnos en una mesa y pedirle cordialmente a la mesera que por favor trajera un balde con seis cervezas “negras” exactamente cervezas Chapinero Porter de la Bogotá Beer Company, se selló lo que parecía iba a pasar. Contar la historia hasta acá porque lo demás son ligeros y entrecortados pensamientos que se vienen a mi mente al recordar aquella noche.

Las cervezas negras causaron caos en mi organismo y lo único que recuerdo es que gracias a mi acompañante llegué a la casa a pasar las 24 peores horas siguientes por un rotundo “guayabo” infernal que llegaba de mi cabeza a mis manos y estómago, de esos que no se curan con nada y sólo necesita paciencia y tiempo para mitigarlo, ni leche, ni agua, sólo paciencia y estar en cama sin ingerir absolutamente nada ya que mi cuerpo no aceptaba comida, ni luz, sólo una taza de café tinto finalizando aquel día pude beber sin devolverla en el intento; y aquí estoy hoy, a propósito de este lindo festival que se realiza en Cali, contando que sobreviví a mi primer noche en el Petronio con Viche, Toma Seca, Arrechón y mucha cerveza.

¡Salud y que viva el Petronio!

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